martes, 24 de enero de 2012

el divorcio

El divorcio es muchas cosas en muchos planos distintos. Se podría decir que es un negocio, una injusticia, una lacra, una ley, una mentalidad...

A efectos de la nulidad matrimonial hay que distinguir dos cosas:
Quien acepta el divorcio porque le parece bien, una solución razonable -no lo es-, algo necesario -tampoco- o incluso conveniente en muchos casos, entonces se puede casar sin que por eso su matrimonio sea nulo. Tiene una mentalidad divorcista pero no afecta a su próximo matrimonio.

Quien se casa pensando que se divorciará tarde o temprano, ya sea porque en el noviazgo ha habido rupturas, han surgido dudas, etc. -a esto se le llama exclusión de una propiedad esencial (canon 1101 del Código de Derecho Canónico)- o bien porque, simplemente, no considera que su matrimonio vaya a ser para siempre, ya que ninguno lo es -a esto se llama error determinante (canon 1099)- sí contrae inválidamente y su matrimonio será nulo.

La razón es muy sencilla: La indisolubilidad del matrimonio es algo esencial a éste, excluirlo supone querer otra cosa que no puede ser llamada matrimonio. Sería como si uno de nosotros va al concesionario de coches a pedir un Ford Fiesta sin motor ni volante, probablemente le dirían que eso no es un choche.

Y esto ¿hay mucha gente que lo hace? Mucha gente no, pero unos cuantos yo diría que sí.

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